Lunes, 10 Noviembre 2014 00:00

Tarda, pero llega: Justicia migratoria

Escrito por 

7 Noviembre 2014

Clínica Jurídica de Migrantes y Refugiados logra ganar casos sobre expulsión injusta de extranjeros en la Corte Suprema.

Por Claudio Fuentes Letelier y Joaquín Undurraga Vicuña 

 

Bien es sabido que nuestra legislación no reconoce la realidad migratoria actual, pero son mil y una las dificultades que tiene un inmigrante para radicarse en Chile, trabas que la mayoría de las veces surgen de la mera arbitrariedad, estigmatización e injusticia. Con historias muy parecidas, William y Jefferson, de nacionalidades ecuatoriana y colombiana respectivamente, decidieron salir de sus países de origen para llegar a Chile en la búsqueda de mejores oportunidades de vida, insertándose de forma positiva en la sociedad, y formando cada uno una familia y las redes necesarias para comenzar a trabajar. Al momento de regularizar su situación migratoria, y en razón de haber tenido antecedentes penales en sus países de origen hace más de una década, sus solicitudes de residencia fueron rechazadas, incluso sin considerar que en uno de los casos se resolvió la absolución. Esto los llevó a encontrarse junto a sus respectivas familias por años en una situación de temor y plena incertidumbre a raíz su situación migratoria irregular, y finalmente a recurrir a la Clínica Jurídica de Migrantes y Refugiados de la Universidad Diego Portales. 

Tras innumerables e infructuosos intentos por regularizar su situación migratoria para que pudieran llevar una vida normal y tranquila, las autoridades consideraron necesaria la expulsión de William y Jefferson del país. En razón de lo anterior, la Clínica presentó en ambos casos un Recurso Extraordinario de Reclamación ante la Corte Suprema de Justicia. Los dos recursos fueron acogidos. En el caso de William, la Corte Suprema expuso que “el acatamiento al justo y racional procedimiento no depende de la mera voluntad de la autoridad administrativa, sino que constituye un mandato -y por tanto un deber- constitucional que debe cumplir cualquier órgano del Estado, en el ejercicio de sus potestades, sean regladas o discrecionales.” Por otra parte, en el caso de Jefferson expresa que se trata de “un hecho que aparece como aislado en la vida de una persona y por el cual cumplió la condena que le fuera impuesta, hace más de diez años” lo cual “torna en ilegal y arbitraria la decisión de rechazar el permiso de permanencia solicitado” por la recurrente, “y consecuencialmente, la orden de salida y posterior decreto de expulsión”. 

Muy satisfactoriamente, podemos afirmar que ninguno será expulsado del país y podrán regularizar su situación migratoria. Hoy William puede caminar tranquilo por las calles de Santiago y no será necesario que se esconda como tuvo que hacerlo durante años producto del temor que sentía de ser alejado de su mujer e hijas. Por otra parte, Jefferson seguirá en el país también, y será parte, junto a su pareja, del crecimiento y desarrollo de su pequeño hijo Samuel. Ambos son el reflejo de la fortaleza y el tezón que debe tener un migrante en Chile para aspirar a una mejor calidad de vida, y sus casos permiten afirmar que, a pesar de las injusticias y arbitrariedades de las que pueden ser objeto los migrantes en nuestro país, la justicia llega. Agradecemos a todo el equipo de la Clínica de Migrantes y Refugiados de la Universidad Diego Portales por la total entrega, de diferentes formas y a lo largo de años, en ambos casos. Seguiremos luchando contra la injusticia evidente que viven los extranjeros en nuestro país, invisible a los ojos de la mayoría de los chilenos y de las políticas públicas actuales, ante lo cual nos hemos propuesto como equipo denunciar, intermediar y aportar en el debate público e historias concretas, y que hoy, nos permite descansar con alegría en sentencias a nuestro favor de la máxima autoridad de justicia del país.